Tres de los que más se piden. Todos se hacen igual: rodeas con el ratón o con el dedo la zona donde quieres que pase algo, escribes la frase, y ya está. Lo que cambia de un caso a otro es qué le dices.
Un formulario que recibe dibujos
Un campo de un formulario puede ser un archivo, y eso
cambia lo que se puede preguntar. Hasta 100 MB por fichero,
así que da igual que sea una foto, un PDF de treinta páginas o un audio.
- Un tatuador pide el boceto y presupuesta sin que nadie se acerque.
- Un taller de móviles pide la foto de la pantalla rota.
- Una copistería pone sus precios y un sitio donde soltar el PDF. Se acabó ir con el pincho.
- Un profesor de guitarra pide un audio tocando, y sabe el nivel antes de la primera clase.
- Una pastelería pide la foto de la tarta que le gustó, en vez de intentar que se la describan.
- Un veterinario pide la foto de la herida y dice si hay que ir corriendo o puede esperar.
Las respuestas se guardan en tu panel, te llega un aviso al móvil en
cuanto alguien escribe, y los archivos se descargan desde ahí.
Un vídeo, sin el cartel de las cookies
Poner un vídeo lo hace cualquiera. Lo que casi nadie te cuenta es la
consecuencia: un vídeo incrustado carga cosas del sitio de
origen, y eso pone cookies de un tercero en tu web aunque
nosotros no pongamos ninguna. A partir de ahí tu web necesita el aviso
de cookies.
Por eso se pide como en el vídeo: que no cargue hasta que le den al
play. Se ve la miniatura, no se carga nada de fuera, y quien quiera
verlo lo pulsa.
Sirve igual con otras cosas que se incrustan: una canción, un mapa, un
calendario de reservas.
Saber qué hace la gente que entra
Las visitas se cuentan solas desde el primer día. Lo que casi nadie
tiene es lo otro: saber qué hacen los que entran. Puedes medir
hasta cuarenta cosas distintas en la misma web.
Y aquí no hay cookies. Un visitante distinto es una huella que se
calcula con la sal del día y se tira: la misma persona, el mismo día, en
tu web, cuenta una vez. Mañana la sal cambia y esa huella ya no vale, así
que no se puede seguir a nadie de un día para otro ni cruzar dos webs. La
dirección IP entra en el cálculo y no se guarda en ninguna parte.
Lo que se pierde con eso te lo decimos claro: no sabemos si quien
vino el martes es el mismo que volvió el jueves. Lo que se gana
es que tu web no tenga que pedir permiso para nada, porque no hay nada
que permitir.
Nada de esto lleva más de una tarde
Ni hay que aprenderse un panel, ni hay que llamar a nadie para cambiar una cifra. Nos cuentas a qué te dedicas, montamos la base, y a partir de ahí la web es tuya.
Quiero entrar el primer día
¿Se te ocurre algo que no está aquí? Escríbenos a
hola@taraceista.com
y te decimos si se puede. Contesta una persona.